Comprender la Injusticia Social para defender la Justicia Social

En una conferencia pronunciada en 1976(1) y titulada, aviesamente, “El atavismo de la Justicia Social”, von Hayek el padre austríaco del neoliberalismo, aseveraba que la expresión justicia social, era una “fórmula vacía, usada para afirmar que una demanda particular se justificaba sin dar ninguna razón”. Quizás Hayek no reparó, a pesar de ser economista, en los datos económicos que tenemos a nuestra disposición. Quisiera poner unos cuantos ejemplos, comenzando con datos macro-económicos. Entre 2007 y 2015 (período que abarca esta última legislatura, que podemos denominar, de obscuridad), el Banco de Santander ha aumentado su beneficio en un 47%, pasando de 913.000 millones de € a la asombrosa cantidad de 1.339.000 millones de €, al igual que el BBVA con un aumento del 33%, la Caixa un 39% y el Banco de Sabadell con un 176% (pasando en este último caso de 76.000 a 203.000 millones de Euros). Todas estas cifras nos dicen que durante un período que abarca cuatro años de recorte, de paro y de dolor en muchos de nuestros conciudadanos, la Banca Española ha ampliado implacablemente sus ganancias. Pero podemos incluso ajustar los datos: sólo en el primer trimestre de 2015, los beneficios sumados de los tres bancos citados, son mayores que los presupuestos del Estado para todo este año en infraestructuras, triplica al de sanidad y quintuplica al de educación. Con los beneficios de estos cuatro bancos antes mencionados se podría cubrir los recortes acumulados desde 2010 hasta la fecha en Desempleo 24.724M€, en Educación 4.546 (M€) y en Sanidad 3.775 (M€) (33.045 en recortes versus 54.706M€ en beneficios) (2). No olvidemos tampoco, en estas cifras macroeconómicas que la Banca Española ha recibido –según datos elaborados por Lorente y Capella 2014 (3)– unos 130.000 millones de euros, millones que por lo que se ha visto hasta ahora, no devolverá. El índice o coeficiente Gini, que mide la desigualdad en la distribución de la renta, sitúa a España entre los países más desiguales de la Unión Europea, y al mismo nivel que Sudán y con más desigualdad que en la India, Nicaragua, Níger, Portugal, y Albania por ejemplo.

Gini-2015-1

Gini-España 2015-2

(Tomado de http://spaincrisis.blogspot.com/2015/03/espana-con-el-peor-coeficiente-en.html)

Dejemos estas cifras y datos y centrémonos un momento en la microeconomía. ¿Qué encontramos? Encontramos que un 27,2% de menores en España están por debajo del umbra de la pobreza (más de 2millones), que España es el 9 país con la peor tasa de población en riesgo de pobreza. Evolutivamente hemos pasado de tener 18,4% de adolescentes en 2013 en riesgo de exclusión social a un 21% en 2014 (según datos de la Fundación Adsis. 2014)(4). Dicho de otra manera 1 de cada 5 adolescentes sufre privación material severa. Lo que significa que un 82% no disfruta de vacaciones, un 77% pasan frío en su casa en invierno, un 69% no come carne o pescado al menos 3 veces por semana y un 66% vive en familias que tienen dificultades para pagar el alquiler o la hipoteca. Según el VIII Informe del Observatorio de la Realidad Social de Cáritas (de 2013) (5), la pobreza severa (menos de 307 euros al mes) alcanzaba a 3 millones y el informe de 2014 señala que la población excluida en España asciende ya al 25% y afecta a más de 11.746.000 personas. De ellas, 5 millones se encuentran en exclusión severa. Además España sufre el Efecto Mateo, con una movilidad atascada. El 50% de hijos e hijas de padres con formación baja, repite la formación de sus padres; sólo un 27% de ellos llega a tener formación universitaria, frente a un 52% de los que tienen padres con educación media, y un 75% con superior. (“Dar más al que más tiene”: Mateo, cap. 25, versículo 14-30). Podríamos seguir así ofreciendo datos tras dato (6), para llegar a la conclusión, creo que inapelable, que vivimos un momento de una tremenda injusticia social. Así que apelar a la Justicia Social, al contrario de lo que pensaba von Hayek, tiene mucho sentido ahora a principio del siglo XXI, tal y como lo ha tenido siempre.

 

Notas:

(1) Conferencia  The 9th R.C. Mills Memorial Lecture dictada en la Universidad de Sydney el 6 de octubre de 1976. Una versión revisada de ella fue incluida en el libro de Hayek, New Studies in Philosophy, Politics, Economics and the History of Ideas (Chicago: University of Chicago Press, 1978).

(2) Datos tomados de La Gran Banca en España. Mongolia 2015.

(3) Tomado de http://www.mientrastanto.org/boletin-122/notas/el-coste-del-rescate-bancario-las-cifras-reales

(4) http://www.fundacionadsis.org/es/page.asp?id=1

(5) http://www.caritas.es/publicaciones_download.aspx?Id=4706

(6) Quien esté interesado en otros datos económicos puede consultar la siguiente página web: http://www.lamarea.com/2015/06/16/diez-graficos-que-muestran-la-extrema-pobreza-y-desigualdad-en-espana/

El principio de Pareto o cómo todo puede ser peor

Vilfredo Federico Pareto, economista suizo-italiano nacido a mediados del siglo XIX, fue uno de los primeros en reconocer que los individuos no actúan siempre por motivos o principios lógicos o racionales, sino por lo que él denominaba elementos instintivos residuales. Entre sus varias ideas económicas, propuso el así denominado principio de Pareto. Este principio afirma que en múltiples situaciones de la vida social (además de las económicas), se puede encontrar una firme relación 80/20. Por ejemplo, al estudiar la propiedad de la tierra, halló que esta se dividía en dos grandes grupos: unos pocos con mucho y muchos con poco; es decir, el 80/20. El 20% de una sociedad posee el 80% de la riqueza y un 80%, solo el 20% restante. El principio de Pareto, y dada su sencillez, se aplica con bastante éxito a muchos campos del conocimiento y de la decisión, como en la organización del almacenaje (basta dedicar un 80% del espacio del almacenaje al 20% de los productos en ventas –algo que a buen seguro Amazon sabe–) y a nuestra vida diaria, como cuando se afirma que el 20% de las personas que conocemos y que están en nuestra vida, nos aporta el 80% de la satisfacción, apoyo y soporte emocional que necesitamos.

Pero lo que más sorprendente de este principio no es su aplicabilidad, sino su persistencia. Tanta que, prácticamente, se ha convertido en una constante parecida al número pi o a la proporción o número áureo (1). Permítanme poner dos ejemplos de distinto tenor que espero resulten esclarecedores, además de complementarios. En 1969 Arthur R. Jensen (2) publicó en la Harvard Educational Review un extenso artículo titulado “¿Cuánto podemos impulsar el Cociente Intelectual (IQ) y el logro académico?” (3). Dos eran, fundamentalmente, los objetivos de dicho autor: uno, desacreditar la reforma compensatoria que por aquel entonces se estaba implantando en Norteamérica (4) y, el otro, enfatizar que el IQ y, por extensión la inteligencia, posee un alto grado de heredabilidad. Como puede fácilmente colegirse, la respuesta de Jensen a la pregunta que retóricamente enunciaba su artículo no era otra que nada o, en todo caso, muy poco. Dicho de otra manera: dado que podría demostrarse, según el autor, que la inteligencia se hereda, ¿qué pueden hacer las escuelas con un alumnado al que la naturaleza no le ha proporcionado una dotación mayor o, dicho con los términos que se han puesto de moda, con los talentos necesarios? Pero el trabajo de Jensen es todavía más singular, puesto que llega a afirmar que la relación inteligencia/ ambiente es de 80/20. La inteligencia se debe a los genes en un 80% y al ambiente en un 20%. De nuevo tenemos aquí el principio de Pareto, como un mantra místico para justificar la desigualdad (5). ¿Para qué pues gastar presupuesto en aquellos que por naturaleza no van a aprovechar ni a beneficiarse de esas mejoras educativas?

El que “la escuela no puede compensar lo que la naturaleza no aporta”, podría ser, y de alguna manera lo es, el lema del pensamiento conservador en educación; un pensamiento que, en el fondo, sigue siendo fuertemente hereditarista. Uno de sus grandes pensadores, Fraga Iribarne, lo dejó muy claro hace tiempo, al afirmar que “los hijos de buena familia son más listos y cuando concursan en una oposición tienen más posibilidades de alcanzar el éxito. En una casa de personas prominentes, los hijos salen con más posibilidades”(6). No tengo muy claro si nuestro inefable y en otros tiempos lenguaraz Ministro de Educación ha leído a Jensen, pero está claro que está convirtiendo en política práctica esas ideas y las de su ideólogo fundamental. En los nuevos presupuestos se han eliminado los programas de compensatoria destinados al alumnado en desventaja social, reduciéndolos en un 90%, pasando de 53 a unos exiguos 5,25 millones (7). Al igual que Jensen y Fraga, J. Ignacio Wert y su equipo, habrán llegado a la misma conclusión: para qué gastar fondos públicos en quienes no lo van a aprovechar; mejor gastarlo en quienes sí le sacarán rendimiento y provecho individual.

Que es lo que al fin y al cabo Alejo Vidal-Quadras lanzó a las redes en un tweet el 13 de julio: “por sorprendente que suene, la opulencia y la extravagancia de una minoría selecta es la condición indispensable para el progreso general”. Imagino que las tarjetas black, los sobres, los pagos en diferido, las llamadas a líneas eróticas, los gastos en casas de lenocinio, las dietas y otras sinecuras parecidas, siguen esta estela. El principio, pues, se enlaza aquí con los instintos residuales que el economista ya había detectado. Pero no se quejen. Al fin y al cabo el principio de Pareto nos deja en un 20%; el capitalismo depredador que se ha ido extendiendo desde la crisis de 2008, está yendo más allá, como ha advertido Chuck Collins(8), reduciendo la relación a 99/1: el 1% de la población se beneficia del sacrificio del 99%. Está claro que tenemos que cambiar esta nefasta situación, basándonos en nuevos principios. Y mejor hoy que mañana.

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(1) Se le suele denominar número φ= 1,61803398874989…; y es un número irracional.
(2)Aquí resulta imprescindible el trabajo de Anastasio Ovejero Bernal de 2003: La cara oculta de los test de inteligencia. Un análisis crítico.
(3) (1969) How Much Can We Boost IQ and Scholastic Achievement. Harvard Educational Review, 39, 1: 1-123.
(4) Como el Project Head Start.
(5) Ni que decir tiene que el hereditarismo (la heredabilidad de la inteligencia) es una postura ideológica, sin fundamento científico.
(6) Tomado de http://www.eldiario.es/escolar/familiagobiernaunida_6_308379209.html.
(7) http://www.eldiario.es/sociedad/Educacionmantiene-programas-estudiantes- desfavorecidos_0_308669319. html.
(8) (2012) 99 to 1. How wealth inequality is wrecking the world and what we can do about it. San Francisco.B-K Publis.

Publicado en ESCUELA 20 de Noviembre de 2014  Núm. 4.040 (1.394)

Cerebro social, vida cívica y educación

En un libro recientemente publicado (Thinking Big. How the evolution of social life shaped the human mind)(1), Robin Dunbar (creador del famoso número Dunbar y psicólogo evolucionista), junto con los arqueólogos C. Gamble y J.Gowlett, desarrolla in extenso la hipótesis del cerebro social, creada por el primero. Dicha hipótesis sostiene que los primates (y el homo sapiens es un primate que comparte con el chimpancé y el bonobo un 99% de sus genes) han evolucionado hasta tener un cerebro más grande, lo que cabría de esperar por nuestra dimensión corporal, para poder gestionar los sistemas inusualmente complejos de la vida social en la que se desarrolla y vive. Dicho de otra manera: es nuestra vida social, nuestra intensa vida social, la que ha propiciado un cerebro grande.

La hipótesis del cerebro social, no trata de la cantidad de información que se almacena sino, repito, de cómo podemos gestionarla; es decir, de la capacidad para hacer frente a las relaciones de grupo y a los procesos emocionales, por ejemplo. Este acontecimiento evolutivo se ha encontrado también en otras especies como por ejemplo en los cuervos de Nueva Caledonia (Corvus moneduloides), un córvido que puede fabricar instrumentos y deducir causas de un fenómeno, gracias a un cerebro mayor que el de otras aves. Lo mismo ocurre con otros mamíferos como los delfines. En todos estos casos, la vida social, además de la inteligencia operativa, es un factor determinante, como nos ha recordado Bruce Hood director del Centro de Desarrollo Cognitivo de la Universidad de Bristol. Es más, en el caso de los humanos, el factor clave, explica Dunbar(2), se encuentra en la Teoría de la Mente (TdM), i.e., nuestra capacidad para leer las mentes de nuestros semejantes (gestos, entonaciones, etc.). Y, en gran parte, todo ello gracias al portentoso desarrollo de nuestro neo-córtex, que es unas 150 veces el tamaño de nuestra médula.

Pero la hipótesis del cerebro social, es decir, de que en tanto homo sapiens somos seres sociales, ya fue, a su manera y, salva veritate, enunciada hace más de 2.000 años por el gran Aristóteles. Para Aristóteles, la moral es nuestra segunda naturaleza y representa la serie de cualidades que conforman, como nos ha ilustrado Victoria Camps en su trabajo absolutamente vigente de Virtudes Públicas, una peculiar manera de ser y convivir con los demás. Es esa serie de virtudes y cualidades la que pone de manifiesto su humanidad, y es esa serie de cualidades y virtudes la que se ha de poseer para formar sociedades humanas. En este sentido, Aristóteles, no entendía la felicidad como un objetivo individual, sino colectivo; porque el bien lo es de toda la comunidad(3). El sentido colectivo, por así decir, de la felicidad, cambia en la modernidad, añade Camps, porque su ethos característico es el individualismo liberal.

Trasladada esta última idea a nuestra actualidad podríamos afirmar, sin dudarlo, que nos encontramos con una exacerbación de dicho individualismo liberal, que no sólo refuerza el individualismo posesivo del que nos habló C. B. Macpherson, sino que se ha convertido en el Siglo XXI en un individualismo depredador en busca de una felicidad egoísta. Nuestra vida social se ve así restringida a la competencia, el robo, el engaño, la marginación y humillación del contrario, la expropiación, el abuso; dicho de otra manera, lo que la casta y las supuestas élites de este país nos están haciendo a la mayoría de los españoles. Y créanme, para ello no necesitamos un neo-córtex de primate, quizás con uno de hiena sería suficiente, o mejor de reptil.

No se me ocurre otra salida que volver a retomar seriamente la idea de cerebro social y de felicidad como asunto colectivo, volver a reafirmar las virtudes que nos hacen humanos y nos alejan de la depredación. Virtudes como la solidaridad, la responsabilidad y la tolerancia. Sólo así estaremos honrando a nuestra misma naturaleza y con ello a lo que nos ha hecho humanos: aspirar a una sociedad compleja, pero que tiene a la felicidad y al bienestar colectivo como sus objetivos más importantes. Si no queremos que nos sigan maltratando, engañando y humillando, la escuela pública y la buena educación tienen mucho que decir y hacer.

(1)  Pensar a lo grande: Cómo la evolución de la vida social modeló la mente humana.
(2) En un artículo publicado en 1998 en Evolutionary Anthropology.
(3)  Aquí sigo las argumentaciones de Victoria Camps en su libro: Virtudes Públicas. Madrid. Espasa Calpe. 1993.

Publicado en ESCUELA  9 de octubre de 2014  Núm. 4.034 (1.154)

Un arduo trabajo para la educación ciudadana

El pasado 16 de mayo saltó la noticia. Todos los ediles del PP (menos una) abandonaron la sala de plenos de Toledo, antes de que una madre, portavoz de familias de niños enfermos de cáncer del Hospital Virgen de la Salud, hablase de la situación de las instalaciones y la falta de personal en dicho hospital. Tras leer la noticia y ver el vídeo, sentí a la par rabia y una profunda vergüenza por esos políticos que, al parecer, no se inmutan frente al dolor, el sufrimiento y la indefensión de los ciudadanos a quienes representan y, se supone, han de servir con su responsabilidad política. Después he tratado de entender a qué se deben estas conductas incívicas y asociales, y por qué ocurren. Así que me puse a indagar hasta encontrar un grupo de estudios experimentales que pueden ofrecernos alguna luz.

El más antiguo es de 1996 y fue llevado a cabo por sociólogos alemanes (1). En él se indagó la relación entre una respuesta agresiva y el estatus social. El experimento fue muy simple: utilizando un coche experimental que bloqueaba el paso de otros en un semáforo, se medía el tiempo que el conductor bloqueado tardaba en hacer sonar el claxon o emitía una ráfaga con las luces. Las conclusiones fueron claras. El estatus del coche bloqueado correlacionaba positivamente con la tendencia a emplear respuestas agresivas. Dicho de otra manera: los conductores y conductoras de coches lujosos tienen más tendencia a generar agresividad al volante que quienes conducen coches de menor estatus y más utilitarios.

Un segundo estudio lo realizaron investigadores de las universidades de California y Toronto, y lo publicó la Academia Nacional de Ciencias de Norteamérica(2). Analizó, a través de siete estudios (naturalistas y experimentales), la relación entre el origen social y el comportamiento ético. Sus resultados: los individuos de clase alta tienen una mayor tendencia a actuar sin ética, de modo inmoral. Según los autores, es la búsqueda del interés personal que distingue a la élite (es decir, a las clases altas), el aumento de las riquezas, asociadas con el estatus y la codicia, lo que promueve sus ‘fechorías’ (wrongdoing). Su sentido de la economía, señalan los investigadores, con su enfoque en la maximización del propio interés, puede llevarles a ver la avaricia como algo positivo, benefi cioso y aceptable. La actitud favorable a la codicia explica la propensión hacia comportamientos poco o nada éticos. A su vez, los comportamientos no éticos al servicio del interés propio alimentan una dinámica de auto-perpetuación que agrava aún más las desigualdades económicas en la sociedad.

Si creen que estas investigaciones parecen un tanto forzadas, tengan en cuenta algunos acontecimientos recientes. Recuerden la reacción de la expresidenta de Madrid cuando iba a ser multada por una infracción de tráfico el pasado abril; la inmunidad de la que gozan ciertos banqueros y familias de alto rango; los intentos sostenidos por obtener pingües ganancias de la venta (llamada privatización) de servicios sanitarios públicos. El tratamiento preferente frente a la justicia de los 10.000 políticos aforados, un hecho en sí mismo único –y escandaloso – en la política europea. Los privilegios para la especulación y la salvaguarda de sus beneficios, de la que gozan ciertos grupos de poder. La impasividad con la que se emplean los fondos públicos para tapar pérdidas privadas (como con las autopistas de peaje), y la insensibilidad con la que
estos mismos grupos, banqueros y oligarcas (3) demandan una constante bajada de salarios de los trabajadores y trabajadoras, así como la conversión del despido en un ejercicio de egoísta arbitrariedad. La lista es, a estas alturas, casi interminable. Estas conductas no son patrimonio nuestro; están bastante extendidas en el mundo. Les pongo un ejemplo de Chile. Tras el incendio que asoló un gran número de cerros de Valparaíso, muchas de las familias que lo perdieron todo, carecieron de lo básico para vestir, alimentar y cuidar a sus bebés. El pueblo chileno es un pueblo solidario y, además de ayudar a desescombrar, comenzaron a enviar agua, pañales, herramientas y alimentos no perecederos. Sin embargo, los supermercados, al día siguiente del incendio, subieron escandalosamente el precio de dichos productos. ¿A quién creen que pertenecen dichos supermercados? A grupos familiares que componen la oligarquía chilena. Balibar (2013)(4) lo ha dejado dicho: el neoliberalismo de los grupos de poder se afianza en una lógica de la des-democratización.

Representar al pueblo o ser su responsable ha perdido sentido, porque se anula el sentido del servicio público. Los beneficios individuales, egoístas y mercantiles son mucho más importantes. La des-democratización a la que nos someten es un acto violento y excluyente.

Es arduo, el trabajo que tienen por delante nuestras escuelas para que las futuras generaciones no permitan estos atropellos; para que nuestra sociedad sea más civilizada y decente. En esta tarea no pueden estar solas; necesitan todo el apoyo cotidiano de los ciudadanos y ciudadanas que, además de indignados, estén dispuestos a cambiar las cosas y actuar. La educación y la escuela son uno de los pocos espacios que nos quedan para ello.

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(1) Diekmann, Andreas et al. (1996) Status and Aggression: A field Study Analyzed by Survival Analysis. The Journal of Social Psychology. 136 (6): 761-768.

(2) Piff , (2012) Higher social class predicts increased unethical behavior. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. (109), 11. doi: 10.1073/pnas.1118373109

(3) Creo sinceramente que ya ha pasado la época de lo “políticamente correcto” y tenemos que volver a desempolvar viejos y vigentes conceptos como los de oligarquía, élites, lucha de clases y otros parecidos.

(4) Baliabar, Étienne (2013) Ciudadanía. Buenos Aires. Adriana Idalgo.

Publicado en ESCUELA el 29 de Mayo de 2014 Núm. 4.025 (796)

Aprender con Hambre

En octubre, el señor Botínafirmó que nos encontrábamos en un momento fantástico pues llegaba dinero extranjero. Imagino que dicho dinero tendrá elegidos a los destinatarios: bancos, grandes grupos financieros y los corruptos aún no imputados. E imagino que esta situación no hace más que complementar ese vergonzoso sistema según el cual el BCE – que tiene prohibido hacerlo a los Estados– presta euros (de todos, no lo olvidemos) a bancos a un interés entre el 1 y el 1,5%, quienes prestan a su vez a los Estados al 4 y 5%, generando un negocio redondo2. Nuestro plasmático presidente, destacado seguidor de Botín, repitió que nos encontramos en un momento de recuperación notable y que España ha dejado de ser una preocupación para el mundo3. Ante tal optimismo exacerbado, me he tomado la molestia de recuperar datos sobre la situación del país y he llegado a una conclusión: puede que ya no seamos una preocupación para el mundo, para el Gobierno ni para el PP, pero deberíamos serlo para la ciudadanía española.

Vivimos en un mundo de una desigualdad atroz. Un infome de Credit Suisse4 de 2013 afir- ma que la riqueza ha subido un 68% en la última década para llegar a un máximo histórico de 241 billones de dólares; pero el 10% más acaudalado (entre los que estará nuestro optimista Sr. Botín), posee el 86% del total de activos y un 1% acumula el 45%. Cuando buscamos indicios de desigualdad en nuestro país, el paisaje es desolador. El índice Gini (que mide la diferencia de ingresos de un país, siendo 100 la más absoluta) está situado en un 34,7, el séptimo más alto de la Europa de los 27. Según Eurostat, sufrimos el Efecto Mateo5, con una movilidad atascada6. Por ejemplo, el 50% de hijos e hijas de padres con formación baja, repite la formación de sus padres; solo un 27% de ellos llega a tener formación universitaria, frente a un 52% de los que tienen padres con educación media, y un 75% con superior. Nuestro país bate un récord en la ratio 80/20 (también denominado Principio de Pareto): la relación entre la población que más ingresa y la que menos. La puntuación es de 7,57, la nota más alta de la Europa de los 27; todo un éxito. Según Eurostat hemos pasado de tener en 2010 un 25,5% de población en situación de pobreza y exclusión, a un 28,2% en 2012: 13 millones de personas. La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social dice que el 21,6% de los españoles vive por debajo del umbral de la pobreza8. La última EPA nos dice que 1,7 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro, de los que solo el 67% reciben algún tipo de prestación, y los hogares han sufrido una pérdida de riqueza del 18,4%9. Según el VIII Informe del Observatorio de la Realidad Social de Cáritas, la pobreza severa (menos de 307 euros al mes) alcanza a tres millones y la pobreza infantil afecta al 26,7% .

No he pretendido abrumarles ni amargarles con estas cifras. Las he expuesto porque cuando valoramos el sistema educativo olvidamos algo que David Berliner, profesor emérito de la Universidad de Arizona y expresidente de la Asociación Americana de Investigación en Educación, lleva diciendo desde 200010: el contexto socioeconómico es determinante en las escuelas y en el aprendizaje. Sostiene que el gran problema de las recientes políticas educativas norteamericanas ha sido ignorar la desigualdad y la pobreza, algo que podríamos decir de la Lomce. Las variables exógenas –dice– explican un 60% de la varianza en los resultados de los test de rendimiento, y el efecto escolar –factores internos– explica un 20%. Las variables exógenas son la inseguridad alimentaria, la falta de atención sanitaria, los ingresos familiares, la contaminación ambiental, las relaciones y el estrés familiar, el vecindario… Lo que ha encontrado Berliner para Norteamérica puede encontrarse en España. Acabamos de saber que las puntuaciones de PISA 2012 por CCAA en Matemáticas están relacionadas con el PIB per cápita. País Vasco, Madrid, Navarra, La Rioja y Aragón logran puntuaciones por encima de la media de la OCDE, mientras Andalucía, Murcia y Extremadura (las más pobres en términos de renta) están en los últimos puestos.

No se equivoquen. No se trata solo de correlacionar PISA con PIB; el tema es más preocu- pante. El informe de la Fundación Adsis (El futuro comienza hoy) de 2013 sostiene que el 18,4% de los estudiantes de ESO tiene carencias materiales severas. De ellos, un 90,5% no disfruta de vacaciones, un 75,3% no come carne o pescado al menos 3 veces por semana, un 73,8% pasa frío en su casa, un 70,3% vive en familias con dificultades para pagar el alquiler o la hipoteca, un 48,9% no tiene lavadora y un 47,2% no tiene televisor, y 6 de cada 10 adolescentes con privación material severa viven en hogares con sus padres en paro. Así que, ¿qué rendimientos y aprendizajes podemos esperar de adolescentes que se encuentran en situaciones de exclusión y privación? Berliner advierte, reformulando la idea del Informe Coleman de 1966, que aunque no podemos subestimar el impacto de la escuela, son los factores asociados con la pobreza (socioeconómicos y culturales) los que tienen un enorme poder limitador en los aprendizajes. Tenemos que demandar cambios profundos que afecten a la distribución de la riqueza, y que protejan y restauren el bienestar social. La mejora de la educación depende de esas demandas. Sin embargo, no olvidemos que la escuela es un lugar clave para esa población que sufre las políticas neoliberales y genocidas de este Gobierno; por ello, hemos de ser exigentes con los centros públicos y sus docentes, porque un mal docente, una enseñanza aburrida, sin sentido y sin calidad, está añadiendo dolor al dolor social, y qui- tando las pocas esperanzas y el futuro de una parte de la población. En este punto no pode- mos retroceder, al menos, parafraseando a Paulo Freire, para que los oprimidos y los marginados dejen de aceptar su estado de opresión.

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1 El País. 17 oct. 2013
2
http://www.attacpv.org/web3/index.php?option=com_ content&view=article&id=962%3Ael-banco-central- europeo-bce-iun-nuevo-dictador-en-europa&catid=26 %3Aopinionsaltermundistesmenuue&Itemid=52
3 Público. 27/12/2013
4
http://www.portafolio.co/internacional/informe-riqueza- el-mundo-credit-suisse
5 “Dar más al que más tiene”: Mateo, cap. 25, vers. 14-30.
6
http://epp.eurostat.ec.europa.eu/cache/ITY_ PUBLIC/3-11122013-AP/EN/3-11122013-AP-EN.PDF
7 http://appsso.eurostat.ec.europa.eu/nui/ showdo?dataset=ilc_pns4&lang=en
8 http://www.eapn.es/noticias/279/216__de_la_pobla- cion_por_debajo_del_umbral_de_pobreza
9 http://economia.elpais.com/economia/2012/10/10/ actualidad/1349901592_959130.html
10 Véase por ejemplo Poverty and potential: out-of- school factors and school success. (2009)

Publicado en Escuela el 16 de Enero de 2014. Núm. 4007 (76)

Pensar lo importante

¿Crees que somos escritores independientes? Tengo mis dudas. Pero incluso si lo somos, quizá tengamos que estar siempre muy atentos.

Günther Anders. Mi historia de amor con Hannah Arendt.

Como la de hoy es mi primera contribución para este curso, el otro día revisé lo que había publicado durante los pasados nueve meses y tuve una sensación rara. Me di cuenta de que no había podido tratar algunos temas que me interesan, que creo que son importantes y que deberíamos abordarlos. Temas como el altruismo versus el egoísmo, los debates sobre el papel de la cultura en la evolu- ción humana, las enseñanzas que la paleoantropología y la primatología nos aportan para entendernos como especie, el papel de la epigenética, lo innato y la inteligencia, la siempre complicada apreciación del papel de nuestras emociones, las nuevas formas de entender la cognición humana, la arquitectura de los espacios públicos y educativos. Tantos y tantos temas que –confieso– me tienen seducido, pero que, y espero no se entienda como narcisismo o arrogancia, también podrían interesar a los lectores de este archipiélago periodístico. Por un momento me pareció que no había podido pensar sobre lo importante, ante lo urgente de los tiempos excepcionales que vivimos.

Creo que no ha habido en la historia de la educación española, tras la dictadura, un Ministro de Educación tan nefasto, nefando y cínico. Se ha propuesto crear un sistema educativo injusto, discriminador, válido solo para las élites, y por ello elitista, timorato y conservador en lo ético y moral, controlado, sin creatividad posible y sin innovación, que convertirá la competitividad en jerarquía de clase, inflexible, sin visión de futuro, triste e inane. Es como si volviéramos a la dictadura franquista en un viaje sin máquina del tiempo, a la dictadura anterior a la Ley General de 1970, si me permiten la puntualización. Afortunadamente hay muchos educadores, trabajadores, intelectuales, familias y alumnado luchando en contra. He escrito enfadado, alarmado, intentando utilizar los mejores argumentos de que disponía; y he escrito lo que he escrito porque estoy convencido de que tenemos que sumar voces y esfuerzos contra este desaguisado, contra la ignominia que nos rodea y contra el Genocidio Social (1) al que nos está sometiendo el Gobierno del PP. Entiendo que mi denuncia se ha querido sumar a la creación de la conciencia crítica –como diría Paulo Freire(2)–, por la que tanta gente preocupada por la Educación Pública (con mayúsculas) ha estado en paro, se ha reunido, se ha manifestado ha elevado su voz y se ha puesto en pie.

La lucha no acaba aquí. Este curso no será menos complicado y, probablemente, exigirá mucho más esfuerzo; pero vale la pena. Tenemos que ser conscientes de que, además de los despropósitos propios de este Gobierno del PP, plasmático, que además de mentir sistemáticamente, parece que no le importan el hambre que están pasando tantas familias y tantos menores, el dolor que el paro causa, el desamparo de tantas y tantas familias desahuciadas, sin poder adquirir medicamentos o excluidas del sistema sanitario público; lo que ocurre en la educación es un movimiento de mayor alcance, que ya comenzó con los gobiernos anteriores del PSOE. Pasi Sahlberg (3) lo ha denominado Global Educational Reform Movement (GERM: Movimiento Global de Reforma Educativa); un patógeno viral en forma de ortodoxia política, que está infectando a muchos sistemas educativos y cuyo “material genético” está compuesto por lo siguiente: énfasis en materias curriculares básicas (aritmética y lectura) (4) , estandarización a través de resultados, utilización de modelos de mercado y corporativos, empleo masivo de pruebas de rendimiento y test, y minimización de la innovación educativa. El GERM es un rival considerable, pero al que se puede contrarrestar siempre que tengamos claras algunas cosas: las diversas formas que puede adquirir la estructura interna que acabo de identificar y sus pacientes cero: organizaciones internacionales (OCDE, FMI, Unión Europea); sus oráculos (PISA, Timms, etc.); y, lo que es más importante, sus propagadores políticos conservadores y socialdemócratas embelesados con el neoliberalismo.

Hasta ahora, quizás habíamos callado demasiado; habíamos llegado a pensar que no era necesario hablar de política en educación, ni reflexionar críticamente sobre las que hemos ido soportando, sobre los cambios constantes y muchas veces erráticos de los últimos gobiernos en España; sobre la creciente privatización de lo público a través de ciertas fundaciones (5) o apoyando financieramente todo lo privado. La educación en Madrid, en Valencia y aún en Galicia son ejemplos claros. Hemos creído que no necesitábamos hablar de política educativa y acabamos de descubrir que era un error. La educación, y no podía ser de otra manera, es un acontecimiento ético-político. En los espacios públicos de la educación nos juntamos las generaciones para hablar del mundo, para entenderlo y comprenderlo, para madurar como ciudadanos y ciudadanas y seres inteligentes, y, desde luego, para cambiarlo. Los temas que a mí me seducen, estoy convencido, tienen enormes implicaciones para la educación. Pero nos ha tocado vivir estos momentos. Pensar estos problemas es pensar también lo importante y si este periódico me da la oportunidad, y ustedes anónimos lectores y lectoras lo permiten, continuaré haciéndolo este curso.

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1 Tomo el concepto de“GenocidioSocial” de David Bollero: http://blogs.publico.es/david-bollero/2013/09/03/ la-gangrena-democratica/
2 La pedagogía del Oprimido, es ahora más que nunca, una lectura recomendable.
3 http://pasisahlberg.com/global-educational-reform-movement-is-here/
4 Olvidando la educación artística (musical y pictórica), las ciencias sociales, la filosofía, la ética, etc.
5 El embeleso por las fundaciones universidad-empresa y otras relacionadas que han ido floreciendo también de la mano del PSOE. 
 
 

Publicado en ESCUELA Núm. 3.995 (1.364) 3 de octubre de 2013

¿Qué docentes queremos en nuestras escuelas?

 A Barry MacDonald. In memoriam

Hace algunas semanas saltó a la prensa la noticia del desastre en los resultados de las pruebas de conocimiento que la Comunidad de Madrid había incluido en las oposiciones al Cuerpo de Maestros y Maestras. Venía anunciado por la extendida ignorancia  de los opositores y opositoras, cifrada no solo en que no superaron la prueba un 86% de los participantes, sino en la acumulación de respuestas ‘disparatadas’. Aunque algunos de mis compañeros han intervenido públicamente sobre este tema con acierto (1), no quisiera dejar pasar esta oportunidad para enfatizar dos cuestiones que creo que necesitan ser tratadas con más detalle.

En primer lugar, las pruebas. Me he tomado la molestia de bajarme el examen y de revisar con detalle las pruebas y no he podido evitar recordar parte de mi propia historia como alumno. Estudié Primaria en Barcelona, específicamente en La Barceloneta, en donde viví hasta los 15 años aproximadamente (2) . Mi padre me matriculó en una “academia” privada (creo que no había escuelas públicas en el barrio). La academia era un edificio de varios pisos en el por entonces Paseo Nacional (hoy llamado Paseo Juan de Borbón muy al estilo de Lampedusa); allí estudié mi Bachillerato elemental. Como la “academia” no  estaba “reconocida oficialmente”, teníamos que examinarnos al final de curso de todas las asignaturas en un instituto “público” al otro lado de la ciudad. Para prepararnos, el maestro que teníamos para todas las asignaturas (el Señor López) nos hacía a su vez exámenes todos los lunes de todas las materias y de todos los contenidos que habíamos tratado la semana anterior. Me veo acercándome con el mapa mudo de Sudamérica o de América de Norte a la mesa del Señor Maestro  y esperar la pregunta correspondiente: señala el río Orinoco o el Lago Michigan. Si fallábamos nos ponía en otra fila para recibir una palmetada con un travesaño de silla. Así lunes tras lunes y año tras año. Y lo mismo sucedía con las matemáticas o con la literatura: si fallabas, castigo físico. Era la única manera, decía, de afrontar con éxito los exámenes libres. Cuento toda esta historia personal porque las pruebas que se han aplicado en las oposiciones mencionadas son casi del mismo tipo que las pruebas a las que me sometieron entonces. Lo mismo me ha pasado con los supuestos disparates, algo que me recordó las recopilaciones de disparates a respuestas de exámenes que se hicieron muy populares a finales de los setenta.

Mi primera sorpresa se centra en la constatación de la falta de imaginación, creatividad y desarrollo intelectual del legislador y de los supuestos expertos a la hora de confeccionar las pruebas. ¿Tan poco hemos progresado en el conocimiento psicológico, pedagógico y, por qué no, psicométrico como para repetir esquemas de hace más de 40 años? Pero el tema es mucho más profundo: ¿es ese conocimiento  el que deben poseer nuestros docentes? Si la respuesta es afirmativa, y parece que para muchos lo es (3) , está claro que lo que se busca en un maestro o maestra del pasado y no un docente preparado para afrontar los retos que ya plantea actualmente el conocimiento y la gestión de la información. Confieso que he olvidado gran parte de lo que entonces aprendí; precisamente por que lo aprendí de una forma, no sólo memorística, a través de procedimientos recitativos y faltos de imaginación pedagógica, sino ignominiosa. Pero no me ha importado mucho. Cuando he querido recordar algo de ese tipo de algoritmos o información , no he tenido que hacer otra cosa que buscarlo. Les pongo un ejemplo. En la mencionada prueba había problemas de suma de fracciones o la transformación de fracciones en decimales o viceversa. Pues bien, me ha bastado con ir a Google o a YouTube y buscar, encontrando archivos y vídeos con las respuestas explicadas con gran detalle. Por lo mismo, se podría utilizar Google Earth o Wikipedia. Pero incluso así, la pregunta sigue en pié: ¿de verdad es este conocimiento el que deben saber nuestros docentes? No quisiera dar ideas, pero nuestros gobernantes y nuestros académicos pueden tranquilizarse; muy al estilo del neoliberalismo del PP estoy seguro que en breve se abrirán “academias” privadas, en las que se preparará a los futuros opositores y opositoras a superar estas pruebas. Y ahora sin palmetadas, aunque pagando unos buenos euros.

En segundo y último lugar, y tal como me ha hecho ver mi amigo y compañero Jurjo Torres, parece que nadie se ha dado cuenta que solo ejercerán como docentes funcionarios quienes hayan superado la prueba; así que pueden tranquilizarse de nuevo, los que hayan suspendido o escrito algún disparate, no estarán en las escuelas públicas. Bueno habría que añadir, en las pocas escuelas públicas que van quedando en la Autonomía de Madrid. El tema de la oposición tiene mucha más enjundia. Se suele olvidar que solo el acceso a las escuelas públicas está regulado por pruebas oficiales, no así el acceso a las escuelas privadas y privadas concertadas. En estos casos, la selección se mueve entre el nepotismo/amiguismo y el control ideológico. ¿Se han preguntado alguna vez si el obispo utiliza criterios racionales para seleccionar al profesorado de Religión?, o ¿qué criterios se emplean en los centros privados a cargo de alguna orden religiosa o una empresa privada?

No encontrarán en mí un defensor de este tipo de pruebas de selección. Creo que la docencia es una profesión que requiere los mejores profesionales y su selección es un tema de enorme importancia como para tomárselo a broma o reducirlo a una prueba como las mencionadas. Se puede saber fracciones o situar en el mapa las provincias por las que transcurre el Ebro y ser un racista, un pedófilo, una persona sin convicciones y valores cívicos, sin sentido de la creatividad, sin entusiasmo, sin coraje pedagógico y sin un sentido nuevo y transformador del conocimiento y del saber. El siglo XXI requiere los mejores docentes y los mejores pedagogos. Y este es el tema sobre el que tendríamos que comenzar a pensar.

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1. Me refiero a J. Gimeno Sacristán en El País  el 31 de Marzo (http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/03/28/actualidad/1364475200_338215.html ) y a A. Ignacio Pérez Gómez en Público  el 18 de Marzo http://blogs.publico.es/otrasmiradas/632/los-afl uentes-del-duero-y-lascompetencias-docentes/ .
2. Estoy hablando de mediados de los 60.
3. Incluyendo a Enrique Moradiellos Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura: http://elpais.com/elpais/2013/03/19/opinion/1363725498_641538.html

 

Publicado en ESCUELA.  Núm. 3.983 (801) 9 de mayo de 2013