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Pensar lo importante

¿Crees que somos escritores independientes? Tengo mis dudas. Pero incluso si lo somos, quizá tengamos que estar siempre muy atentos.

Günther Anders. Mi historia de amor con Hannah Arendt.

Como la de hoy es mi primera contribución para este curso, el otro día revisé lo que había publicado durante los pasados nueve meses y tuve una sensación rara. Me di cuenta de que no había podido tratar algunos temas que me interesan, que creo que son importantes y que deberíamos abordarlos. Temas como el altruismo versus el egoísmo, los debates sobre el papel de la cultura en la evolu- ción humana, las enseñanzas que la paleoantropología y la primatología nos aportan para entendernos como especie, el papel de la epigenética, lo innato y la inteligencia, la siempre complicada apreciación del papel de nuestras emociones, las nuevas formas de entender la cognición humana, la arquitectura de los espacios públicos y educativos. Tantos y tantos temas que –confieso– me tienen seducido, pero que, y espero no se entienda como narcisismo o arrogancia, también podrían interesar a los lectores de este archipiélago periodístico. Por un momento me pareció que no había podido pensar sobre lo importante, ante lo urgente de los tiempos excepcionales que vivimos.

Creo que no ha habido en la historia de la educación española, tras la dictadura, un Ministro de Educación tan nefasto, nefando y cínico. Se ha propuesto crear un sistema educativo injusto, discriminador, válido solo para las élites, y por ello elitista, timorato y conservador en lo ético y moral, controlado, sin creatividad posible y sin innovación, que convertirá la competitividad en jerarquía de clase, inflexible, sin visión de futuro, triste e inane. Es como si volviéramos a la dictadura franquista en un viaje sin máquina del tiempo, a la dictadura anterior a la Ley General de 1970, si me permiten la puntualización. Afortunadamente hay muchos educadores, trabajadores, intelectuales, familias y alumnado luchando en contra. He escrito enfadado, alarmado, intentando utilizar los mejores argumentos de que disponía; y he escrito lo que he escrito porque estoy convencido de que tenemos que sumar voces y esfuerzos contra este desaguisado, contra la ignominia que nos rodea y contra el Genocidio Social (1) al que nos está sometiendo el Gobierno del PP. Entiendo que mi denuncia se ha querido sumar a la creación de la conciencia crítica –como diría Paulo Freire(2)–, por la que tanta gente preocupada por la Educación Pública (con mayúsculas) ha estado en paro, se ha reunido, se ha manifestado ha elevado su voz y se ha puesto en pie.

La lucha no acaba aquí. Este curso no será menos complicado y, probablemente, exigirá mucho más esfuerzo; pero vale la pena. Tenemos que ser conscientes de que, además de los despropósitos propios de este Gobierno del PP, plasmático, que además de mentir sistemáticamente, parece que no le importan el hambre que están pasando tantas familias y tantos menores, el dolor que el paro causa, el desamparo de tantas y tantas familias desahuciadas, sin poder adquirir medicamentos o excluidas del sistema sanitario público; lo que ocurre en la educación es un movimiento de mayor alcance, que ya comenzó con los gobiernos anteriores del PSOE. Pasi Sahlberg (3) lo ha denominado Global Educational Reform Movement (GERM: Movimiento Global de Reforma Educativa); un patógeno viral en forma de ortodoxia política, que está infectando a muchos sistemas educativos y cuyo “material genético” está compuesto por lo siguiente: énfasis en materias curriculares básicas (aritmética y lectura) (4) , estandarización a través de resultados, utilización de modelos de mercado y corporativos, empleo masivo de pruebas de rendimiento y test, y minimización de la innovación educativa. El GERM es un rival considerable, pero al que se puede contrarrestar siempre que tengamos claras algunas cosas: las diversas formas que puede adquirir la estructura interna que acabo de identificar y sus pacientes cero: organizaciones internacionales (OCDE, FMI, Unión Europea); sus oráculos (PISA, Timms, etc.); y, lo que es más importante, sus propagadores políticos conservadores y socialdemócratas embelesados con el neoliberalismo.

Hasta ahora, quizás habíamos callado demasiado; habíamos llegado a pensar que no era necesario hablar de política en educación, ni reflexionar críticamente sobre las que hemos ido soportando, sobre los cambios constantes y muchas veces erráticos de los últimos gobiernos en España; sobre la creciente privatización de lo público a través de ciertas fundaciones (5) o apoyando financieramente todo lo privado. La educación en Madrid, en Valencia y aún en Galicia son ejemplos claros. Hemos creído que no necesitábamos hablar de política educativa y acabamos de descubrir que era un error. La educación, y no podía ser de otra manera, es un acontecimiento ético-político. En los espacios públicos de la educación nos juntamos las generaciones para hablar del mundo, para entenderlo y comprenderlo, para madurar como ciudadanos y ciudadanas y seres inteligentes, y, desde luego, para cambiarlo. Los temas que a mí me seducen, estoy convencido, tienen enormes implicaciones para la educación. Pero nos ha tocado vivir estos momentos. Pensar estos problemas es pensar también lo importante y si este periódico me da la oportunidad, y ustedes anónimos lectores y lectoras lo permiten, continuaré haciéndolo este curso.

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1 Tomo el concepto de“GenocidioSocial” de David Bollero: http://blogs.publico.es/david-bollero/2013/09/03/ la-gangrena-democratica/
2 La pedagogía del Oprimido, es ahora más que nunca, una lectura recomendable.
3 http://pasisahlberg.com/global-educational-reform-movement-is-here/
4 Olvidando la educación artística (musical y pictórica), las ciencias sociales, la filosofía, la ética, etc.
5 El embeleso por las fundaciones universidad-empresa y otras relacionadas que han ido floreciendo también de la mano del PSOE. 
 
 

Publicado en ESCUELA Núm. 3.995 (1.364) 3 de octubre de 2013

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¿Qué docentes queremos en nuestras escuelas?

 A Barry MacDonald. In memoriam

Hace algunas semanas saltó a la prensa la noticia del desastre en los resultados de las pruebas de conocimiento que la Comunidad de Madrid había incluido en las oposiciones al Cuerpo de Maestros y Maestras. Venía anunciado por la extendida ignorancia  de los opositores y opositoras, cifrada no solo en que no superaron la prueba un 86% de los participantes, sino en la acumulación de respuestas ‘disparatadas’. Aunque algunos de mis compañeros han intervenido públicamente sobre este tema con acierto (1), no quisiera dejar pasar esta oportunidad para enfatizar dos cuestiones que creo que necesitan ser tratadas con más detalle.

En primer lugar, las pruebas. Me he tomado la molestia de bajarme el examen y de revisar con detalle las pruebas y no he podido evitar recordar parte de mi propia historia como alumno. Estudié Primaria en Barcelona, específicamente en La Barceloneta, en donde viví hasta los 15 años aproximadamente (2) . Mi padre me matriculó en una “academia” privada (creo que no había escuelas públicas en el barrio). La academia era un edificio de varios pisos en el por entonces Paseo Nacional (hoy llamado Paseo Juan de Borbón muy al estilo de Lampedusa); allí estudié mi Bachillerato elemental. Como la “academia” no  estaba “reconocida oficialmente”, teníamos que examinarnos al final de curso de todas las asignaturas en un instituto “público” al otro lado de la ciudad. Para prepararnos, el maestro que teníamos para todas las asignaturas (el Señor López) nos hacía a su vez exámenes todos los lunes de todas las materias y de todos los contenidos que habíamos tratado la semana anterior. Me veo acercándome con el mapa mudo de Sudamérica o de América de Norte a la mesa del Señor Maestro  y esperar la pregunta correspondiente: señala el río Orinoco o el Lago Michigan. Si fallábamos nos ponía en otra fila para recibir una palmetada con un travesaño de silla. Así lunes tras lunes y año tras año. Y lo mismo sucedía con las matemáticas o con la literatura: si fallabas, castigo físico. Era la única manera, decía, de afrontar con éxito los exámenes libres. Cuento toda esta historia personal porque las pruebas que se han aplicado en las oposiciones mencionadas son casi del mismo tipo que las pruebas a las que me sometieron entonces. Lo mismo me ha pasado con los supuestos disparates, algo que me recordó las recopilaciones de disparates a respuestas de exámenes que se hicieron muy populares a finales de los setenta.

Mi primera sorpresa se centra en la constatación de la falta de imaginación, creatividad y desarrollo intelectual del legislador y de los supuestos expertos a la hora de confeccionar las pruebas. ¿Tan poco hemos progresado en el conocimiento psicológico, pedagógico y, por qué no, psicométrico como para repetir esquemas de hace más de 40 años? Pero el tema es mucho más profundo: ¿es ese conocimiento  el que deben poseer nuestros docentes? Si la respuesta es afirmativa, y parece que para muchos lo es (3) , está claro que lo que se busca en un maestro o maestra del pasado y no un docente preparado para afrontar los retos que ya plantea actualmente el conocimiento y la gestión de la información. Confieso que he olvidado gran parte de lo que entonces aprendí; precisamente por que lo aprendí de una forma, no sólo memorística, a través de procedimientos recitativos y faltos de imaginación pedagógica, sino ignominiosa. Pero no me ha importado mucho. Cuando he querido recordar algo de ese tipo de algoritmos o información , no he tenido que hacer otra cosa que buscarlo. Les pongo un ejemplo. En la mencionada prueba había problemas de suma de fracciones o la transformación de fracciones en decimales o viceversa. Pues bien, me ha bastado con ir a Google o a YouTube y buscar, encontrando archivos y vídeos con las respuestas explicadas con gran detalle. Por lo mismo, se podría utilizar Google Earth o Wikipedia. Pero incluso así, la pregunta sigue en pié: ¿de verdad es este conocimiento el que deben saber nuestros docentes? No quisiera dar ideas, pero nuestros gobernantes y nuestros académicos pueden tranquilizarse; muy al estilo del neoliberalismo del PP estoy seguro que en breve se abrirán “academias” privadas, en las que se preparará a los futuros opositores y opositoras a superar estas pruebas. Y ahora sin palmetadas, aunque pagando unos buenos euros.

En segundo y último lugar, y tal como me ha hecho ver mi amigo y compañero Jurjo Torres, parece que nadie se ha dado cuenta que solo ejercerán como docentes funcionarios quienes hayan superado la prueba; así que pueden tranquilizarse de nuevo, los que hayan suspendido o escrito algún disparate, no estarán en las escuelas públicas. Bueno habría que añadir, en las pocas escuelas públicas que van quedando en la Autonomía de Madrid. El tema de la oposición tiene mucha más enjundia. Se suele olvidar que solo el acceso a las escuelas públicas está regulado por pruebas oficiales, no así el acceso a las escuelas privadas y privadas concertadas. En estos casos, la selección se mueve entre el nepotismo/amiguismo y el control ideológico. ¿Se han preguntado alguna vez si el obispo utiliza criterios racionales para seleccionar al profesorado de Religión?, o ¿qué criterios se emplean en los centros privados a cargo de alguna orden religiosa o una empresa privada?

No encontrarán en mí un defensor de este tipo de pruebas de selección. Creo que la docencia es una profesión que requiere los mejores profesionales y su selección es un tema de enorme importancia como para tomárselo a broma o reducirlo a una prueba como las mencionadas. Se puede saber fracciones o situar en el mapa las provincias por las que transcurre el Ebro y ser un racista, un pedófilo, una persona sin convicciones y valores cívicos, sin sentido de la creatividad, sin entusiasmo, sin coraje pedagógico y sin un sentido nuevo y transformador del conocimiento y del saber. El siglo XXI requiere los mejores docentes y los mejores pedagogos. Y este es el tema sobre el que tendríamos que comenzar a pensar.

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1. Me refiero a J. Gimeno Sacristán en El País  el 31 de Marzo (http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/03/28/actualidad/1364475200_338215.html ) y a A. Ignacio Pérez Gómez en Público  el 18 de Marzo http://blogs.publico.es/otrasmiradas/632/los-afl uentes-del-duero-y-lascompetencias-docentes/ .
2. Estoy hablando de mediados de los 60.
3. Incluyendo a Enrique Moradiellos Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura: http://elpais.com/elpais/2013/03/19/opinion/1363725498_641538.html

 

Publicado en ESCUELA.  Núm. 3.983 (801) 9 de mayo de 2013

¿Hacia dónde nos llevan con la nueva ley de educación? Algunas reflexiones

Algunas veces, cuando he querido ofrecer a mis alumnos y alumnas, un esquema sencillo, pero práctico, para entender parte de los cambios y vaivenes a los que suelen estar sometidos los sistemas educativos, he utilizado tres ejes de coordenadas básicos, como si fueran los ejes x, y, z. Uno –el x, por ejemplo– es el que representa la cultural o currículo; el otro –el y– se centra en los procesos de control o “evaluación” que sobre el sistema se ejercen, y el tercero –el z– en modelos de organización escolar que se adopten. Cada eje actúa como un continuum con dos extremos que fijan las posibilidades más contrapuestas. Quisiera emplear este mismo esquema para reflexionar sobre el lugar que la política educativa del Gobierno del PP nos está llevando de la mano de la, todavía en proceso, Lomce.

Comencemos por el primero. Hablar de currículo es, sin lugar a dudas, hablar de la selección del contenido cultural; una selección que se espera que adquieran las nuevas generaciones al menos durante su escolaridad obligatoria. Ello quiere decir que cuando en un país se establece un currículo se establece el conocimiento básico (1), o el conjunto de comprensiones compartidas como sostenía Lawrence Stenhouse, necesario para ser ciudadano y pertenecer cultural y cognitivamente a esa comunidad nacional. En esta medida el currículo afecta, a veces de manera notable a los modos de pensar, actuar y hasta de sentir de los sujetos. Por ello es fácil entender la importancia política que posee.

Aceptadas estas premisas y volviendo a la idea de eje x, que antes mencionábamos, podemos colocar en él tres puntos clave, de un extremo a otro: “currículo abierto”, “currículo nacional” y “currículo controlado”. Uno de los primeros ejemplos que tenemos a mano es el del Reino Unido. Hasta los años 80, no existía en dicho país un currículo nacional sino abierto, por eso y especialmente durante los 60 y los 70, hubo un impresionante movimiento de innovación curricular y educativa. Con la llegada del Gobierno liberal-conservador de Margaret Thatcher en los 80 se aprobó un currículo nacional y desapareció la innovación y la riqueza educativa que comportaba. ¿Para qué innovar cuando se establece con precisión lo que se ha de adquirir? En España, curiosamente, siempre hemos tenido –tanto en dictadura como en democracia– un currículo nacional y centralizado (2); currículo que nunca ha sido objeto de debate político, porque de una u otra manera, su urdimbre ideológica ha sido sistemáticamente soslayada: una vez aprobado el conjunto de contenidos, se dejaba a manos de las editoriales de texto su legitimación. Se trataba de una cuestión técnica y a lo sumo empresarial, pero en ningún caso política (3).

Curiosamente, y al menos en nuestra historia reciente, han sido el PP y el Episcopado, quienes han generado algún tipo de polémica ideológica sobre el currículo, aunque no debate. Recordemos que con el Gobierno de Aznar se cuestionó la idea de Historia de España que se estaba enseñando en las escuelas, de la misma manera que nuestro ministro actual, pretende españolizar a los catalanes. Por su parte el Episcopado ha presionado constantemente para que la Religión (su idea de religión) no solo permaneciese en las escuelas (4), sino que se convirtiera en una asignatura más. Algo que, dicho sin sorna, puede generar problemas teológicos de enorme magnitud: ¿está más cerca de Dios quien saca un diez que quien saca un cinco?, ¿y el que suspende, en qué situación religiosa se coloca? Y envalentonados por la mayoría absoluta del PP, se ha ido más lejos, haciendo desaparecer la Educación para la Ciudadanía, el único contenido ético social, es decir, claramente político que introdujo el PSOE, en un inane currículo nacional.

La novedad más reciente la encontramos en la nueva ley, cuando añade una vertiente economicista y utilitarista, y apuesta de forma decidida por un conocimiento orientado a la productividad, la competitividad y a la mejora, a toda costa, de los resultados en las pruebas PISA. Se trataría de un currículo en el que además de consolidar su vertiente confesional-conservadora, se minimiza cualquier otro contenido que no sea instrumental. Y es en este punto en donde el currículo nacional comienza a ser un currículo controlado. Me explico.

Cuando las pretensiones de una reforma educativa están tan orientadas a la evaluación del rendimiento a través de reválidas intra-sistema y tan rendidas al poder taumatúrgico de pruebas externas e internacionales como PISA, la consecuencia más evidente con respecto al currículo es que este queda sometido a dicho sistemas de control de rendimiento. No se trata ya, únicamente, de un currículo nacional, se trata de un currículo sometido y a la larga, determinado y establecido por las mismas pruebas de rendimiento que se aplicarán. Son dichas pruebas las que establecerán, como antes lo hacían las editoriales de libros de texto, el conocimiento cultural valioso y al que nuestras generaciones futuras tendrán que someterse. El currículo controlado, no pertenece en realidad a la ciudadanía, sino a opacos intereses ideológicos que, disfrazados de lenguaje técnico, reducen psicométricamente el conocimiento y el saber público. Permítanme dejar para la siguiente entrega el desarrollo de esta última idea.

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1. En otro sentido, no trivial, se le puede llamar, conocimiento oficial.
2. Y digo esto a pesar de la introducción de la variable autonómica.
3. Entiéndase aquí el papel clave de las editoriales de libros de texto. Sin hacer hincapié en, por ejemplo Santillana, baste pensar que todos los años, los Cuadernos Rubio son auténticos best-seller, que más quisiera para sí algún que otro académico. Su página web oficial es un claro ejemplo de adaptación a los nuevos medios: http:// http://www.rubio.net.
4. Cuestión a la que nunca se enfrentó el PSOE.
Publicado en ESCUELA el  7 de febrero de 2013. Núm. 3.971