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El principio de Pareto o cómo todo puede ser peor

Vilfredo Federico Pareto, economista suizo-italiano nacido a mediados del siglo XIX, fue uno de los primeros en reconocer que los individuos no actúan siempre por motivos o principios lógicos o racionales, sino por lo que él denominaba elementos instintivos residuales. Entre sus varias ideas económicas, propuso el así denominado principio de Pareto. Este principio afirma que en múltiples situaciones de la vida social (además de las económicas), se puede encontrar una firme relación 80/20. Por ejemplo, al estudiar la propiedad de la tierra, halló que esta se dividía en dos grandes grupos: unos pocos con mucho y muchos con poco; es decir, el 80/20. El 20% de una sociedad posee el 80% de la riqueza y un 80%, solo el 20% restante. El principio de Pareto, y dada su sencillez, se aplica con bastante éxito a muchos campos del conocimiento y de la decisión, como en la organización del almacenaje (basta dedicar un 80% del espacio del almacenaje al 20% de los productos en ventas –algo que a buen seguro Amazon sabe–) y a nuestra vida diaria, como cuando se afirma que el 20% de las personas que conocemos y que están en nuestra vida, nos aporta el 80% de la satisfacción, apoyo y soporte emocional que necesitamos.

Pero lo que más sorprendente de este principio no es su aplicabilidad, sino su persistencia. Tanta que, prácticamente, se ha convertido en una constante parecida al número pi o a la proporción o número áureo (1). Permítanme poner dos ejemplos de distinto tenor que espero resulten esclarecedores, además de complementarios. En 1969 Arthur R. Jensen (2) publicó en la Harvard Educational Review un extenso artículo titulado “¿Cuánto podemos impulsar el Cociente Intelectual (IQ) y el logro académico?” (3). Dos eran, fundamentalmente, los objetivos de dicho autor: uno, desacreditar la reforma compensatoria que por aquel entonces se estaba implantando en Norteamérica (4) y, el otro, enfatizar que el IQ y, por extensión la inteligencia, posee un alto grado de heredabilidad. Como puede fácilmente colegirse, la respuesta de Jensen a la pregunta que retóricamente enunciaba su artículo no era otra que nada o, en todo caso, muy poco. Dicho de otra manera: dado que podría demostrarse, según el autor, que la inteligencia se hereda, ¿qué pueden hacer las escuelas con un alumnado al que la naturaleza no le ha proporcionado una dotación mayor o, dicho con los términos que se han puesto de moda, con los talentos necesarios? Pero el trabajo de Jensen es todavía más singular, puesto que llega a afirmar que la relación inteligencia/ ambiente es de 80/20. La inteligencia se debe a los genes en un 80% y al ambiente en un 20%. De nuevo tenemos aquí el principio de Pareto, como un mantra místico para justificar la desigualdad (5). ¿Para qué pues gastar presupuesto en aquellos que por naturaleza no van a aprovechar ni a beneficiarse de esas mejoras educativas?

El que “la escuela no puede compensar lo que la naturaleza no aporta”, podría ser, y de alguna manera lo es, el lema del pensamiento conservador en educación; un pensamiento que, en el fondo, sigue siendo fuertemente hereditarista. Uno de sus grandes pensadores, Fraga Iribarne, lo dejó muy claro hace tiempo, al afirmar que “los hijos de buena familia son más listos y cuando concursan en una oposición tienen más posibilidades de alcanzar el éxito. En una casa de personas prominentes, los hijos salen con más posibilidades”(6). No tengo muy claro si nuestro inefable y en otros tiempos lenguaraz Ministro de Educación ha leído a Jensen, pero está claro que está convirtiendo en política práctica esas ideas y las de su ideólogo fundamental. En los nuevos presupuestos se han eliminado los programas de compensatoria destinados al alumnado en desventaja social, reduciéndolos en un 90%, pasando de 53 a unos exiguos 5,25 millones (7). Al igual que Jensen y Fraga, J. Ignacio Wert y su equipo, habrán llegado a la misma conclusión: para qué gastar fondos públicos en quienes no lo van a aprovechar; mejor gastarlo en quienes sí le sacarán rendimiento y provecho individual.

Que es lo que al fin y al cabo Alejo Vidal-Quadras lanzó a las redes en un tweet el 13 de julio: “por sorprendente que suene, la opulencia y la extravagancia de una minoría selecta es la condición indispensable para el progreso general”. Imagino que las tarjetas black, los sobres, los pagos en diferido, las llamadas a líneas eróticas, los gastos en casas de lenocinio, las dietas y otras sinecuras parecidas, siguen esta estela. El principio, pues, se enlaza aquí con los instintos residuales que el economista ya había detectado. Pero no se quejen. Al fin y al cabo el principio de Pareto nos deja en un 20%; el capitalismo depredador que se ha ido extendiendo desde la crisis de 2008, está yendo más allá, como ha advertido Chuck Collins(8), reduciendo la relación a 99/1: el 1% de la población se beneficia del sacrificio del 99%. Está claro que tenemos que cambiar esta nefasta situación, basándonos en nuevos principios. Y mejor hoy que mañana.

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(1) Se le suele denominar número φ= 1,61803398874989…; y es un número irracional.
(2)Aquí resulta imprescindible el trabajo de Anastasio Ovejero Bernal de 2003: La cara oculta de los test de inteligencia. Un análisis crítico.
(3) (1969) How Much Can We Boost IQ and Scholastic Achievement. Harvard Educational Review, 39, 1: 1-123.
(4) Como el Project Head Start.
(5) Ni que decir tiene que el hereditarismo (la heredabilidad de la inteligencia) es una postura ideológica, sin fundamento científico.
(6) Tomado de http://www.eldiario.es/escolar/familiagobiernaunida_6_308379209.html.
(7) http://www.eldiario.es/sociedad/Educacionmantiene-programas-estudiantes- desfavorecidos_0_308669319. html.
(8) (2012) 99 to 1. How wealth inequality is wrecking the world and what we can do about it. San Francisco.B-K Publis.

Publicado en ESCUELA 20 de Noviembre de 2014  Núm. 4.040 (1.394)

Cerebro social, vida cívica y educación

En un libro recientemente publicado (Thinking Big. How the evolution of social life shaped the human mind)(1), Robin Dunbar (creador del famoso número Dunbar y psicólogo evolucionista), junto con los arqueólogos C. Gamble y J.Gowlett, desarrolla in extenso la hipótesis del cerebro social, creada por el primero. Dicha hipótesis sostiene que los primates (y el homo sapiens es un primate que comparte con el chimpancé y el bonobo un 99% de sus genes) han evolucionado hasta tener un cerebro más grande, lo que cabría de esperar por nuestra dimensión corporal, para poder gestionar los sistemas inusualmente complejos de la vida social en la que se desarrolla y vive. Dicho de otra manera: es nuestra vida social, nuestra intensa vida social, la que ha propiciado un cerebro grande.

La hipótesis del cerebro social, no trata de la cantidad de información que se almacena sino, repito, de cómo podemos gestionarla; es decir, de la capacidad para hacer frente a las relaciones de grupo y a los procesos emocionales, por ejemplo. Este acontecimiento evolutivo se ha encontrado también en otras especies como por ejemplo en los cuervos de Nueva Caledonia (Corvus moneduloides), un córvido que puede fabricar instrumentos y deducir causas de un fenómeno, gracias a un cerebro mayor que el de otras aves. Lo mismo ocurre con otros mamíferos como los delfines. En todos estos casos, la vida social, además de la inteligencia operativa, es un factor determinante, como nos ha recordado Bruce Hood director del Centro de Desarrollo Cognitivo de la Universidad de Bristol. Es más, en el caso de los humanos, el factor clave, explica Dunbar(2), se encuentra en la Teoría de la Mente (TdM), i.e., nuestra capacidad para leer las mentes de nuestros semejantes (gestos, entonaciones, etc.). Y, en gran parte, todo ello gracias al portentoso desarrollo de nuestro neo-córtex, que es unas 150 veces el tamaño de nuestra médula.

Pero la hipótesis del cerebro social, es decir, de que en tanto homo sapiens somos seres sociales, ya fue, a su manera y, salva veritate, enunciada hace más de 2.000 años por el gran Aristóteles. Para Aristóteles, la moral es nuestra segunda naturaleza y representa la serie de cualidades que conforman, como nos ha ilustrado Victoria Camps en su trabajo absolutamente vigente de Virtudes Públicas, una peculiar manera de ser y convivir con los demás. Es esa serie de virtudes y cualidades la que pone de manifiesto su humanidad, y es esa serie de cualidades y virtudes la que se ha de poseer para formar sociedades humanas. En este sentido, Aristóteles, no entendía la felicidad como un objetivo individual, sino colectivo; porque el bien lo es de toda la comunidad(3). El sentido colectivo, por así decir, de la felicidad, cambia en la modernidad, añade Camps, porque su ethos característico es el individualismo liberal.

Trasladada esta última idea a nuestra actualidad podríamos afirmar, sin dudarlo, que nos encontramos con una exacerbación de dicho individualismo liberal, que no sólo refuerza el individualismo posesivo del que nos habló C. B. Macpherson, sino que se ha convertido en el Siglo XXI en un individualismo depredador en busca de una felicidad egoísta. Nuestra vida social se ve así restringida a la competencia, el robo, el engaño, la marginación y humillación del contrario, la expropiación, el abuso; dicho de otra manera, lo que la casta y las supuestas élites de este país nos están haciendo a la mayoría de los españoles. Y créanme, para ello no necesitamos un neo-córtex de primate, quizás con uno de hiena sería suficiente, o mejor de reptil.

No se me ocurre otra salida que volver a retomar seriamente la idea de cerebro social y de felicidad como asunto colectivo, volver a reafirmar las virtudes que nos hacen humanos y nos alejan de la depredación. Virtudes como la solidaridad, la responsabilidad y la tolerancia. Sólo así estaremos honrando a nuestra misma naturaleza y con ello a lo que nos ha hecho humanos: aspirar a una sociedad compleja, pero que tiene a la felicidad y al bienestar colectivo como sus objetivos más importantes. Si no queremos que nos sigan maltratando, engañando y humillando, la escuela pública y la buena educación tienen mucho que decir y hacer.

(1)  Pensar a lo grande: Cómo la evolución de la vida social modeló la mente humana.
(2) En un artículo publicado en 1998 en Evolutionary Anthropology.
(3)  Aquí sigo las argumentaciones de Victoria Camps en su libro: Virtudes Públicas. Madrid. Espasa Calpe. 1993.

Publicado en ESCUELA  9 de octubre de 2014  Núm. 4.034 (1.154)

Aprender con Hambre

En octubre, el señor Botínafirmó que nos encontrábamos en un momento fantástico pues llegaba dinero extranjero. Imagino que dicho dinero tendrá elegidos a los destinatarios: bancos, grandes grupos financieros y los corruptos aún no imputados. E imagino que esta situación no hace más que complementar ese vergonzoso sistema según el cual el BCE – que tiene prohibido hacerlo a los Estados– presta euros (de todos, no lo olvidemos) a bancos a un interés entre el 1 y el 1,5%, quienes prestan a su vez a los Estados al 4 y 5%, generando un negocio redondo2. Nuestro plasmático presidente, destacado seguidor de Botín, repitió que nos encontramos en un momento de recuperación notable y que España ha dejado de ser una preocupación para el mundo3. Ante tal optimismo exacerbado, me he tomado la molestia de recuperar datos sobre la situación del país y he llegado a una conclusión: puede que ya no seamos una preocupación para el mundo, para el Gobierno ni para el PP, pero deberíamos serlo para la ciudadanía española.

Vivimos en un mundo de una desigualdad atroz. Un infome de Credit Suisse4 de 2013 afir- ma que la riqueza ha subido un 68% en la última década para llegar a un máximo histórico de 241 billones de dólares; pero el 10% más acaudalado (entre los que estará nuestro optimista Sr. Botín), posee el 86% del total de activos y un 1% acumula el 45%. Cuando buscamos indicios de desigualdad en nuestro país, el paisaje es desolador. El índice Gini (que mide la diferencia de ingresos de un país, siendo 100 la más absoluta) está situado en un 34,7, el séptimo más alto de la Europa de los 27. Según Eurostat, sufrimos el Efecto Mateo5, con una movilidad atascada6. Por ejemplo, el 50% de hijos e hijas de padres con formación baja, repite la formación de sus padres; solo un 27% de ellos llega a tener formación universitaria, frente a un 52% de los que tienen padres con educación media, y un 75% con superior. Nuestro país bate un récord en la ratio 80/20 (también denominado Principio de Pareto): la relación entre la población que más ingresa y la que menos. La puntuación es de 7,57, la nota más alta de la Europa de los 27; todo un éxito. Según Eurostat hemos pasado de tener en 2010 un 25,5% de población en situación de pobreza y exclusión, a un 28,2% en 2012: 13 millones de personas. La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social dice que el 21,6% de los españoles vive por debajo del umbral de la pobreza8. La última EPA nos dice que 1,7 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro, de los que solo el 67% reciben algún tipo de prestación, y los hogares han sufrido una pérdida de riqueza del 18,4%9. Según el VIII Informe del Observatorio de la Realidad Social de Cáritas, la pobreza severa (menos de 307 euros al mes) alcanza a tres millones y la pobreza infantil afecta al 26,7% .

No he pretendido abrumarles ni amargarles con estas cifras. Las he expuesto porque cuando valoramos el sistema educativo olvidamos algo que David Berliner, profesor emérito de la Universidad de Arizona y expresidente de la Asociación Americana de Investigación en Educación, lleva diciendo desde 200010: el contexto socioeconómico es determinante en las escuelas y en el aprendizaje. Sostiene que el gran problema de las recientes políticas educativas norteamericanas ha sido ignorar la desigualdad y la pobreza, algo que podríamos decir de la Lomce. Las variables exógenas –dice– explican un 60% de la varianza en los resultados de los test de rendimiento, y el efecto escolar –factores internos– explica un 20%. Las variables exógenas son la inseguridad alimentaria, la falta de atención sanitaria, los ingresos familiares, la contaminación ambiental, las relaciones y el estrés familiar, el vecindario… Lo que ha encontrado Berliner para Norteamérica puede encontrarse en España. Acabamos de saber que las puntuaciones de PISA 2012 por CCAA en Matemáticas están relacionadas con el PIB per cápita. País Vasco, Madrid, Navarra, La Rioja y Aragón logran puntuaciones por encima de la media de la OCDE, mientras Andalucía, Murcia y Extremadura (las más pobres en términos de renta) están en los últimos puestos.

No se equivoquen. No se trata solo de correlacionar PISA con PIB; el tema es más preocu- pante. El informe de la Fundación Adsis (El futuro comienza hoy) de 2013 sostiene que el 18,4% de los estudiantes de ESO tiene carencias materiales severas. De ellos, un 90,5% no disfruta de vacaciones, un 75,3% no come carne o pescado al menos 3 veces por semana, un 73,8% pasa frío en su casa, un 70,3% vive en familias con dificultades para pagar el alquiler o la hipoteca, un 48,9% no tiene lavadora y un 47,2% no tiene televisor, y 6 de cada 10 adolescentes con privación material severa viven en hogares con sus padres en paro. Así que, ¿qué rendimientos y aprendizajes podemos esperar de adolescentes que se encuentran en situaciones de exclusión y privación? Berliner advierte, reformulando la idea del Informe Coleman de 1966, que aunque no podemos subestimar el impacto de la escuela, son los factores asociados con la pobreza (socioeconómicos y culturales) los que tienen un enorme poder limitador en los aprendizajes. Tenemos que demandar cambios profundos que afecten a la distribución de la riqueza, y que protejan y restauren el bienestar social. La mejora de la educación depende de esas demandas. Sin embargo, no olvidemos que la escuela es un lugar clave para esa población que sufre las políticas neoliberales y genocidas de este Gobierno; por ello, hemos de ser exigentes con los centros públicos y sus docentes, porque un mal docente, una enseñanza aburrida, sin sentido y sin calidad, está añadiendo dolor al dolor social, y qui- tando las pocas esperanzas y el futuro de una parte de la población. En este punto no pode- mos retroceder, al menos, parafraseando a Paulo Freire, para que los oprimidos y los marginados dejen de aceptar su estado de opresión.

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1 El País. 17 oct. 2013
2
http://www.attacpv.org/web3/index.php?option=com_ content&view=article&id=962%3Ael-banco-central- europeo-bce-iun-nuevo-dictador-en-europa&catid=26 %3Aopinionsaltermundistesmenuue&Itemid=52
3 Público. 27/12/2013
4
http://www.portafolio.co/internacional/informe-riqueza- el-mundo-credit-suisse
5 “Dar más al que más tiene”: Mateo, cap. 25, vers. 14-30.
6
http://epp.eurostat.ec.europa.eu/cache/ITY_ PUBLIC/3-11122013-AP/EN/3-11122013-AP-EN.PDF
7 http://appsso.eurostat.ec.europa.eu/nui/ showdo?dataset=ilc_pns4&lang=en
8 http://www.eapn.es/noticias/279/216__de_la_pobla- cion_por_debajo_del_umbral_de_pobreza
9 http://economia.elpais.com/economia/2012/10/10/ actualidad/1349901592_959130.html
10 Véase por ejemplo Poverty and potential: out-of- school factors and school success. (2009)

Publicado en Escuela el 16 de Enero de 2014. Núm. 4007 (76)