Los mercados por encima de los derechos y la ciudadanía

En ocasiones, los pensamientos y las experiencias no sólo se concatenan sino que se entrelazan, de tal manera que unos nos llevan a otras: de pensamientos a experiencias y de experiencias a pensamientos, formando un paisaje sinuoso. Algo así me pasó el otro día al saber que en Granada el ayuntamiento conservador del PP había cerrado una biblioteca con 30 años de antigüedad, que habría sus puertas y sus libros a más de 30.000 vecinos en el barrio El Zaidín; un barrio de familias con pocos recursos económicos, pero con muchos deseos de saber y orgullosos de su biblioteca. En el futuro, el ayuntamiento convertirá dicho espacio en un centro de coros y danzas, muy a la vieja usanza predemocrática.

Leyendo la noticia y con ese grado de tristeza e indignación, todo hay que decirlo, que este tipo de situaciones me genera, recordé un texto que leí a finales de los ochenta. Estaba escrito para un libro titulado: La crisis de la democracia. Informe para la Trilateral[1], sobre la gobernabilidad de la democracia. El capítulo, a mi juicio más importante, y el que me vino inmediatamente a la memoria, fue el de Samuel P. Huntington, politólogo de Harvard que se ha hecho famoso en la última década por ese incendiario opúsculo en el que nos previene sobre el Conflicto de Civilizaciones, entre la occidental o judeo-cristiana y la islámica. Pues bien, Huntington afirmaba, y cito casi literalmente, que ‘la vulnerabilidad del gobierno democrático en Estados Unidos, no provenía de principalmente de amenazas externas o de la subversión interna, sino de la dinámica propia de la democracia en una sociedad altamente educada, movilizada y participativa’[2].

Cuando se publicó este informe de la Trilateral, nos encontrábamos por aquél entonces en los comienzos de la crítica al estado de bienestar y a la democracia misma; situación que se vio reforzada considerablemente con la llegada al poder de Margaret Thatcher en 1979 y Ronald Reagan en 1981. Esta primera ola neoliberal, se centró en el asentamiento y extensión de la ideología social del mercado; lo que a su vez suponía una seria ‘reducción del estado’ a través de la privatización de gran parte del tejido industrial, de transporte, de medios de comunicación e incluso del sistema sanitario. En la educación, sin embargo, el estilo fue otro: ante la imposibilidad de privatizar como tal el sistema (en realidad las clases pudientes ya tenían su propio sistema escolar), se extendió la idea de hacer que los sistemas públicos se comportasen como privados. De entonces provienen cuestiones que actualmente se han convertido en terminología cotidiana, como excelencia, liderazgo y contratos programa, pero también, movimientos e iniciativas como Home schooling[3], el cheque escolar, escuelas charter (algunas de las cuales están bajo el patronazgo de multinacionales), etc.

Este proceso no se ha detenido; todo lo contrario, ha seguido de modo constante, hasta que tras crisis de 2008, ha tomado una fuerza inusitada, convirtiéndose en la segunda oleada neoliberal. Aunque en términos  concretos, ambas oleadas son muy semejantes, ahora más que nunca el objetivos no es otro que convertir a los mercados en el centro –único- de la vida social y política. Y es aquí donde tenemos que situar las palabras de Hutchinson y el cierre de la biblioteca de El Zaidín. No se trata únicamente de incrementar las escuelas privadas, algo que, como nos recordaban recientemente José Gimeno Sacristán[4], coloca a España en uno de los más destacados puestos internacionales; tampoco se trata de reducir presupuestos en la pública, ni de abrir espacio en el sistema público a fundaciones conservadoras norteamericanas (como Empieza por Educar), ni de, descaradamente, ofrecer cursos subvencionados en la Comunidad de Madrid, gratuitos para los docentes de la concertada y muy onerosos para los de la pública, como está haciendo la Fundación Aulas Smart[5].

Creo, sinceramente, que esta segunda ola neoliberal tiene como objetivo, algo mucho más preocupante. Cerrar bibliotecas y arrinconar a la escuela pública es el último acto, quizás el más agresivo, del imparable proceso de privatización que nos inunda. Un proceso que no me importa denominar privatización de nuestras mentes. Quizás alguno de ustedes pueda pensar que, al igual que al comienzo de los ochenta, estoy exagerando. Permítanme un par de ejemplos más.

Uno: la actual Comisaria de Educación, Cultural, Multilingüismo y Juventud, Androulla Vassiliou señala en su página web –y en fuerte sintonía con el Tratado de Lisboa- que uno de sus objetivos políticos es “mejorar las habilidades y el acceso a la educación y el entrenamiento, centrándose en las necesidades del mercado’. Dos: cuando el exprimer ministro griego Yorgos Papandreu, después de aceptar ajustes sociales durísimos para su pueblo, se le ocurrió plantear un referéndum sobre los nuevos sacrificios impuestos por la Unión Europea, no solo la troica franco-alemana, sino gran parte de las voces políticas y mediáticas europeas, recriminaron a Papandreu el paso que quería dar. La presión ha sido tan fuerte, que el referéndum al final no se va a llevar a cabo. Tras su dimisión, quien ocupará su cargo, es un expresidente del Banco Central Europeo, es decir, un economista tecnócrata.

A los mercados, les sienta mal la democracia, es decir, una ciudadanía formada, con voz propia, independiente, con capacidad crítica y con voluntad de participación. Para evitarlo, para impedir que ese tipo de ciudadanía prospere, en esta segunda oleada, se cierran bibliotecas, se reconvierten las escuelas públicas en empresas, y se anular los espacios públicos que nos quedan. Y cuando lo público desaparece, los mercados llegan a ser más importantes que las personas, que sus derechos, sus valores y sus esperanzas colectivas. Y en eso parece que estamos.



[1] La Trilateral, rama del Grupo Bilderberg, fue creada en 1973, por David Rockefeller. A ella pertenecen españoles como Antonio Garriges Walker, Javier Solana o Ignacio Polanco, presidente del Grupo Prisa.

[2] La cita se puede encontrar en Crozier, Michel J. et alli (1975) The crisis of democracy. New York University Press:115.

[3] Se trata de ‘educar’ en casa a tus hijos, una opción que se ha ido extendiendo en nuestro país, paulatinamente.

[4] http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Votar/educacion/publica/elpepusoc/20111111elpepusoc_15/Tes.

[5] A los docentes de la privada (concertada) se les regala un ordenador portátil y el curso es gratuito. Puede verse la información, parcialmente maquillada en http://www.fundacionaulasmart.org/comunicacion/sala+de+prensa/leer+mas/abierta+vii+convocatoria+en+la+que+se+donaran+nuevamente+portatiles+a+profesores. Aunque se ha omitido el coste para los docentes de la pública, que era de 600€.

Publicado en Escuela Núm. 3.923. 17 de Noviembre de 2011.

Una respuesta a “Los mercados por encima de los derechos y la ciudadanía

  1. Voces como la tuya son necesarias para tomar conciencia de la necesidad de defender lo público contra las actuales políticas neoliberales. Gracias por compartir.

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