Twittear o no twittear. Esa NO es la cuestión.

Aunque me había encontrado con twitter por Internet; la primera vez que fui consciente de su ‘pujanza’ ocurrió en Almería. Cenaba con tres avezados ‘tecnólogos de la educación’; uno era docente universitario, los otros dos de secundaria. Durante la conversación surgió el ‘tema twitter’ y uno de ellos exclamó en voz alta: ¡qué gran invento: expresar ideas en 140 caracteres! Hice un gesto de desaprobación, mientras pensaba que era una solemne tontería. El resto de la conversación se desarrolló en alabanzas al sistema twitter. No me convencieron entonces, porque procedo de una escuela académica para la que enfrentarse a sesudos ensayos filosóficos (de Hegel a Habermas, pasando por Deleuze, por poner unos ejemplos singulares) era y todavía es, algo normal. Cómo podemos resumir ideas de peso, ideas importantes, en el corsé de 140 caracteres. Llegamos a los postres y seguían sin convencerme.

En aquél momento, abrumado y molesto por el evangelismo de sus defensores, olvidé que además de grades ensayos, el pensamiento (y las emociones) también pueden expresarse en frases breves. Afortunadamente un artículo publicado en El País (2011), con el título de La filosofía del “pienso, luego tuiteo”, me lo recordó; y recordé.

Recordé una de las primeras novelas que me han marcado como persona y como lector: La Esfera de Ramón J. Sender. No sé cómo mi padre la tenía en sus estanterías, pero la comencé a leer, después de encontrarme con ella (los grandes libros que nos marcan, son libros con los que nos encontramos y nos encuentran), cuando tenía no más de 17 años. Me tuvo subyugado durante semanas; tanto que una de sus partes estilísticas, para mí la más novedosa, se convirtió en una temprana iniciación a la, por llamarlo de alguna manera, ‘escritura creativa’. Me refiero a un conjunto de ‘sentencias’ repartidas en algunos capítulos: “Tú eres la sombra de una sombra desnuda por la que quiere regirse lo concreto de mis sentimientos sin lograrlo”; decía una de ellas.

Durante meses, con esa especie de emoción existencial que entonces nos invadía a los adolescentes (el comienzo de la adolescencia se adelanta según la época histórica, o se retrasa), rellené folios y folios de sentencias cortas, pensamientos breves que querían imitar, sin lograrlo, los ejemplos leídos.

Mi segundo encuentro fue posterior –ya en los 80- y éste, en el plano de la filosofía: la obra de Cioran (de quien se celebra este año el centenario de su nacimiento). Leí con pasión dos libros suyos: El inconveniente de haber nacido y Aciago Demiurgo; y utilicé una de sus ‘sentencias’ como encabezado de mi tesis doctoral a finales de los 90: “Para no tener que resolverlas, he transformado todas mis dificultades prácticas en dificultades teóricas. Frente a lo insoluble, por fin respiro”.

Los rastros de su obra han quedado en mi pensamiento. Han quedado, de un modo no literal, pero sí emocional, sus sentencias duras, cortantes y sinceras sobre el suicidio; todavía rondan por mi cabeza y sigo admirando el valor de su pensamiento, su voluntad de enfrentarse al horror, el desconsuelo y la soledad con la fuerza de su honestidad, sin medias palabras, sin ocultar o suavizar la dimensión oscura de la existencia.

Mi último viaje a la brevedad profunda ocurrió  a través de la lectura de poesía japonesa en forma de haikus. Aunque había leído Los cantares de Ise (Ise Monogataria), el autor que me introdujo en esta forma poética fue Issa Kobayashi. En los haikus encontré belleza contenida, sutil, leve y, en su simplicidad formal, emociones casi incontenibles.

Silencio.
Sobre el fondo del lago
Una nube con montaña.

O bien:

En el cielo azul
Escribo con el dedo.
Crepúsculo de otoño.

Y luego vinieron otros, como mi descubrimiento tardío del Juan de Mairena de Machado y muchos otro más: Michael de Montaigne y los Microcuentos (Fernández Ferrer 1990)

Pero ¿realmente tiene algo que ver Twitter con el pensamiento, tal como sugería el artículo de El País? La respuesta es sí y no. Un sí pequeño y un no grande. Un sí porque podemos expresar pensamientos, ideas brillantes y sugerencias heurísticas a través de twitter; siempre que nos acomodemos a la extensión máxima de 140 caracteres, nada nos lo impide. No, porque twitter son muchas cosas y muy variadas; y el pensamiento no es justamente la que más se puede encontrar en él.

Twitter es una red social, y como tal se nos presenta. Pero una red que no abarca sólo a individuos, que son, de hecho, los que crean probablemente el 80% de su contenido, sino a profesionales y a empresas. Como ha señalado un reciente estudio (IZO Innovation labs 2010), del que este pequeño trabajo toma el título, mientras las empresas venden y ofrecen sus productos, los profesionales se muestran a sí mismos y, en esta medida, se comercializan. Twitter, es aquí un escaparate lleno de marcas comerciales y de profesionales en busca de reputación o consolidando la que han adquirido con otros medios. La variedad es notable. Encontraremos empresas que van desde Repsol y Moviestar hasta Sanitas, El Corte Inglés y todos los periódicos nacionales e internacionales. Con los profesionales pasa lo mismo: desde creativos del marketing hasta periodistas, opinadores y expertos en algún tema, preferentemente tecnológico.

Y los individuos ¿qué hacen? Para dar respuesta a esta pregunta tengo que volver al plano personal. Cuando entré en Twitter -decidí hacerlo por un año para probar- utilicé una estrategia muy sencilla: ver qué sucede y comenzar a seguir a algunos conocidos y a otros menos, pero que, a primera vista o a primer tuit, me llamaron la antención. Después de unos 4 meses tuiteando, he podido elaborar una pequeña, aunque no exhaustiva, tipología. Están, en abundancia, quienes utilizan la red para mostrar su cotidianeidad, desde formas muy triviales como “me he levantado de mal humor” u “hoy llueve”, a otras más implicadas (política, social y emocionalmente) e informativas como son las que denuncian un acontecimiento y muestran su solidaridad. Mi experiencia me dice que los primeros, es decir, los que mantienen un suave grado de frivolidad, son mayoría. Al fin y al cabo, pertenecen a la así denominada, por Christofer Orlet (2007), ‘Look at me generation’. Muy pocos de los tuits del segundo grupo son pensamientos interesantes; pero ninguno de los primeros. Y algunos de estos tuitean de forma compulsiva y constante, como si su vida se fraguase realmente en las fronteras virtuales de ese entorno. Los primeros podrán tener valor en círculos privados (entre amigos y amigas), los segundos pueden resultar más ‘prometedores’. Pero, repito, son un grupo muy reducido quienes expresan pensamientos interesantes y con fuerza. En este sentido, deberíamos también, poner entre paréntesis (la Epojé de E. Husserl), la machacona idea según la cual, los mejores tuiteadores son quienes tienen más seguidores; no siempre es así.

Twitter como tal no tiene que ver con el pensamiento, pero el pensamiento puede aparecer en él. Sin embargo, tenemos que aceptar que tuitear no nos hace más sabios, ni mejora nuestro pensamiento. Para pensar, para reflexionar, necesitamos calma, sosiego, trabajo, y elaboración; y ello sólo podemos obtenerlo fuera de la red. Luego, una vez tengamos las ideas y los pensamientos, podremos compartirlos. La cuestión es pensar; luego viene tuitear o no tuitear, según le plaza a cada uno. O eso es lo que me parece.

Referencias.

Cioran, Emil M. (1993) El aciago demiurgo (Le mauvais demiurge, 1969). Barcelona. Círculo de Lectores, 1993).
Cioran, Emil M. (1980) Del inconveniente de haber nacido (De l’inconvénient d’être né, 1973). Madrid. Taurus.
Fernández Ferrer, Antonio (1990) La mano de la hormiga. Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas. Madrid. Fugaz.
Orlet, C. (2007). Look-at-Me-Generation. The American Spectator. 3.2.07 http://spectator.org/archives/2007/03/02/the-look-at-me-generation.
Cantares de Ise. (1979) Madrid. Poesía Hiperión.
Fraguas, Antonio (2011) La filosofía del “pienso, luego tuiteo”. El País. 03/04/2011
IXO Innovation Labs (2010) To tweet or not to tweet. www.izo.es
Kobayashi, Issa (1986) Cincuenta haikus. Madrid. Poesía Hiperión.
Sender, Ramón J. (1947) La esfera. Barcelona. Destino-1985.

 

2 Respuestas a “Twittear o no twittear. Esa NO es la cuestión.

  1. El comunicarse se hace más importante que el mensaje,
    El estar en la red se hace más importante que el mensaje
    El seguir y que te sigan haciendote sentir ser parte de algo es más importante que el mensaje.
    no me lees, no escribes o escribo más que tú, …..
    sigo, leo, y me encuentro contigo y con los otros en otros escenarios, en otros espacio sociales, …….
    un abrazo,

  2. Estimado Fumanchú,

    En tu análsis equiparas Twitter a una herramienta de publicación, de difusión de ideas. Lo es. Pero también es una espacio para construcción de ideas, una herramienta de comunicación con la posibilidad de referira artefactos más complejos y de mayor tamaño que los obligados 140 caracteres.. Los tuits pueden ser solipsismos, muchs lo son. Pero otros son fruto de la comunicación entre personas. Vamos, que igual que hay partidos de frontón, los hay de tenis y a veces nos tiramos piedras, perdón, ideas, todos contra todos (perdón, todos y todas contra todos y todas).

    Una lectura que pude resultar interesante sobre Twitter es “El bazar de los locos”, un experimento de libro colaboratvo que se gestó el verano pasado y que verá la luz en papel y electrones un unos meses:

    http://www.elbazardeloslocos.org/

    Algunas entradas son muy interesantes. A mi me gustan especialmente las que describen qué encuentran en Twitter sus autores, en su mayoría docentes comprometidos con el uso de las TIC. Hay en Twitter más sentimientos de lo que parecería a simple vista y más soledad en los claustros de lo que es aconsejable.

    Un abrazo.

    J.

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